lunes, 3 de agosto de 2015

Hijos Adolescentes: ampliar espacios y estrechar corazones

Buenos días mis queridos padres valientes!

La adolescencia es una etapa en la que el individuo está reinventándose, cuestiona sus aprendizajes pasados, trata de entender su momento presente y de crear una nueva imagen de si mismo y entender cómo relacionarse con el mundo. Se enfrenta a cambios físicos y hormonales, aún no deja ir a su niño y no ha recibido a su adulto.

Para los padres puede ser una etapa de grandes retos, pues en un corto espacio de tiempo su hijo puede vivir con intensidad diferentes emociones. En su necesidad de descubrirse, negará todo lo que era, aún si hemos sido los mejores padres del mundo, necesitará una excusa para marcar distancia de nosotros. Querrá su cuarto sólo, que toques a la puerta antes de entrar, que no lo molestes cuando se está bañando, ni lo interrumpas en su cuarto, no te intereses en su vida más allá de ¿Cómo estás?, dará respuestas cortas y evasivas a nuestras preguntas, no querrá salir con nosotros, sus expresiones generalmente serán de desagrado, hará notorio que cree que sabe más que nosotros, y muchos otros comportamientos de este tipo.

En mi casa hemos creado la costumbre de rezar con mis hijos antes de dormir, y nos turnamos la oración del día una vez cada uno, salvo excepciones es algo que hacemos todas las noches. Inesperadamente un día llame a mis hijos para rezar, como generalmente lo hacía, y mi hijo mayor, de 14 años, me dijo con voz MUY SERIA...yo voy a rezar sólo...sin exagerar fue como una daga en el estómago, en un instante quise decirle mil cosas a mi "pequeño" y ninguna era para halagarlo, pero me contuve, y le hice saber lo mucho que me gustaba rezar en familia y le pedí que realmente rezara antes de dormir, me fui y seguí el rezo con el menor.

Al principio me sentí muy enojada, pensando en lo egoísta que estaba siendo mi hijo, y como no le importaba la familia, pero luego tuve que reconocer que lo que en realidad se había apoderado de mi corazón era la tristeza de que mi pequeño se sintiera mejor sólo.

Cuando los padres vivimos estas experiencias se pone a prueba nuestra madurez para comprender lo que nos pasa a nosotros ante estas situaciones y resolverlas de manera de sostener la armonía y el amor de la familia, más allá de actuar desde nuestras heridas y provocar un distanciamiento.

La reacción inmediata sería regañarlos, decirles todo lo egoístas que están siendo, sacar en cara todo lo que hacemos por ellos para que nos paguen de ese modo, etc. etc. etc. y eso no sería darle su espacio, sería crear un abismo entre nuestros corazones.

Nuestro adolescente necesita y reclama su espacio para poder crear su propia identidad y sentirse independiente, no es contra nosotros, se esta preparando para una vida adulta y no lo puede hacer si nosotros seguimos indicando lo que se hace y no se hace, cómo y cuándo. Pero, en este proceso de crear su independencia necesita sentirse amado más que nunca, el amor incondicional de sus padres le dará la seguridad que necesita para enfrentar esta etapa de mejor manera, si siente que el amor de sus padres está en juego y condicionado a la aprobación de sus conductas, la lucha se tornara más difícil pues podría experimentar mucha injusticia y culpa, lo que crearía un coctel de emociones explosivo.

Esa noche, cuando mi hijo no quiso acompañarnos a rezar,  tuve el impulso de no pasar a su cuarto a darle el beso y la bendición de buenas noches, lo cual habría sido una conducta muy infantil de mi parte. En su lugar, pase a su cuarto, pedí permiso para entrar (la puerta estaba abierta, ya que una de las normas de la casa es no encerrarse en los cuartos, pero lo cortés no quita lo valiente), le di un fuerte abrazo, un gran beso, una cálida bendición y le dije que lo extrañamos en el rezo.

Padres...el adulto somos nosotros. Si nosotros no somos capaces de entender y regular nuestras emociones, ¿por qué esperamos que nuestros hijos lo hagan?...se enseña con el ejemplo.

Darle su espacio es dejarlo tomar decisiones y asumir consecuencias, respetar su derecho a sentir, a elegir dentro de las normas de la casa, de hablar cuando lo desee, de proponer, de participar de los acuerdos familiares, es tratarlos como una persona que está practicando para ser adulto, dentro de los límites que la edad y la familia requieren.

Darle su espacio no es dejar de abrazarlos cuando lo permitan porque estamos tristes o enojados, no es devolverles gestos de desagrado, ni hablarles seco y golpeado, ni evitar el contacto con ellos, ni dejar de darles las buenas noches, no es portarnos más rebeldes que ellos ni querer demostrar que tenemos el poder para decidir sus vidas.

Mientras lo acompaña a entrenarse para su rol adulto, hágale sentir que esta cerca, que Ud. entiende que él o ella está pasando por una etapa de retos, y que Ud. está allí para acompañarlo, hágale saber que cree en él o ella, y que su amor no depende de nada, y siempre que se lo permita esté allí para dar amor y corregir con amor, elija sus batallas.